Córdoba no tiene mar, ni arena, ni gaviotas, pero sí su propio paseo marítimo: unos 1.800 metros de jardines, fuentes y enormes farolas cuyo nombre oficial es Paseo de Córdoba. Por la mañana, territorio de ejecutivos y oficinistas. Por las tardes, de skaters y ancianos.
Todo empezó cuando se soterraron las vías del tren que dividían la ciudad en dos. El Plan Renfe liberó de pronto 42 hectáreas de muy buen ver en pleno centro. Aquí han venido a establecerse oficinas e incluso se han construido pisos de más de 600.000 euros (con piscina particular en la azotea incluida). Así como pubs, restaurantes, hoteles y cafeterías que han convertido la zona en la más cool de la ciudad, y que no tienen nada que envidiar a las grandes urbes: del diseño minimalista a los detalles kitsch.
La zona ha tenido un efecto psicológico positivo en una ciudad que vive abrumada por su pasado glorioso. Está a un paso de las estaciones de tren y autobús y sorprenderá a los que sólo esperen una Córdoba de callejuelas, claveles y patios. El meollo, lo que se conoce como la milla de oro -mide cerca de una milla marina-, es el tramo de la avenida de la Libertad (Vial Norte) que va de la glorieta de las Tres Culturas a la avenida Llanos del Pretorio. Aquí, la densidad de establecimientos fashion es sorprendente y las noches de fin de semana se llenan de animados clientes de entre 25 y 40 años.
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