Desde la Puerta de los Leones de la Catedral o desde el edificio del Ayuntamiento se puede llegar a esta pequeña plaza que alberga un antiguo pozo que da nombre a la misma. En él se desarrolla una de las más famosas leyendas de Toledo, en la que una joven judía convirtió sus aguas en amargas con sus lágrimas al conocer que su padre mató a su enamorado cristiano.